Stock que no se vende y dinero parado: el martes de la gestoría
2026-10-14
Son las doce y diez de un martes y estás de pie en el trastero, con el móvil en una mano y una caja de velas de lavanda en la otra.
La gestora te ha escrito por la mañana: «Para el cierre del trimestre necesito saber cuánto tienes en existencias. ¿Me lo pasas esta semana?». Una frase normal, amable. A ti se te ha encogido el estómago.
Imagina a Lucía, que vende velas y jabones artesanales por internet y en un par de ferias al año. Es un personaje inventado, pero quizá te suene su trastero: estanterías hasta el techo, cajas con rotulador medio borrado y un olor a lavanda que ya no distingue.
La caja que lleva ahí desde abril
Lucía cuenta las velas de lavanda. Son ochenta y tantas. Las cuenta otra vez, porque no está segura de si en la caja de abajo hay más o son las de eucalipto.
Recuerda por qué pidió tantas. El proveedor le hizo un buen precio por cantidad y ella pensó: «Si me quedo sin lavanda en plena temporada, me pego un tiro en el pie». Así que compró de más. Y luego compró de más otra vez, por si acaso.
Mientras tanto, las velas de naranja y canela, las que de verdad vuelan, se le acabaron hace dos semanas. Un cliente le escribió preguntando por ellas y tuvo que contestar con esa frase que odia: «Ahora mismo no tengo, perdona».
Así que tiene el trastero lleno y, a la vez, se ha quedado sin lo que se vende. Las dos cosas a la vez, y ninguna se ve desde el ordenador.
Lo que no se dice en voz alta
Lo que más le pesa a Lucía no es el espacio. Es otra cosa, más callada.
Cada caja de lavanda es dinero que ya salió de su cuenta. Dinero que hubiera servido para pagar el seguro, para una tanda de lo que sí se vende, o simplemente para no mirar el saldo con un nudo en el pecho el día que toca pagar la cuota de autónomos.
No se lo cuenta a nadie. Le da vergüenza admitir que un negocio que «va bien» tiene tanto dinero durmiendo en cajas. Parece de aficionada. Parece que una persona seria sabría exactamente qué tiene, cuánto vale y cuánto lleva sin moverse.
Su sistema actual es una libreta, tres hojas de Excel que empezó con ilusión y una memoria que últimamente falla. Cada vez que alguien le pregunta «¿cuánto tienes de esto?», contesta «más o menos», y odia ese «más o menos».
El momento en que la pregunta cambia
Esa tarde, Lucía se sienta en un taburete del trastero, con la caja sobre las rodillas, y se da cuenta de algo sencillo.
El problema no es que le falte tiempo ni que sea mala para los números. El problema es que nunca ha visto su almacén de un vistazo. Compra por sensación: cuando le entra el miedo a quedarse sin algo, pide de más; cuando se le olvida, se queda sin nada.
Y una sensación no avisa. No le dice «esto lleva cuatro meses parado» ni «esto se acaba la semana que viene». Se lo dice el cliente que escribe, o la gestora que pregunta.
Piensa: ¿y si pudiera abrir un solo archivo, un lunes, y ver qué tengo, cuánto vale y qué se está acabando? No le parece magia. Le parece lo mínimo que debería tener alguien que vende cosas.
Un lunes distinto
Vamos a imaginar otro lunes para Lucía, unas semanas después.
Se prepara un café, abre un único archivo y en dos minutos lo ve todo. Las velas de naranja y canela aparecen marcadas: toca reponer, y con tiempo. Las de lavanda aparecen tranquilas, con muchas unidades y poco movimiento. Decide no comprar más y, en la próxima feria, ponerlas en un pack de regalo.
No hay sustos. Cuando la gestora pregunta por las existencias, Lucía no sale corriendo al trastero. Contesta con calma, con un número que ya conoce.
El trastero sigue oliendo a lavanda, pero ya no pesa. Y el dinero que antes dormía en cajas empieza, poco a poco, a moverse hacia lo que sí se vende.
No es una revolución. Es la diferencia entre creer que tienes controlado el stock y verlo. Un sistema sencillo no te hace mejor vendedora; solo te quita la niebla.
Si te has reconocido en el trastero
Si al leer esto has pensado en tus propias cajas, en esa pregunta que contestas con un «más o menos», o en el cliente al que le dijiste «ahora mismo no tengo», quizá te sirva algo así.
En Blixwerk hemos preparado Never Sold Out by Surprise – Inventory & Reorder Tracker (Excel): una hoja de Excel con avisos automáticos de reposición, valor del stock y un panel para verlo todo de un vistazo. Incluye una versión con datos de ejemplo, otra en blanco y una guía en PDF. Sin suscripción. Está en inglés, pero se maneja con facilidad. Y si no te ayuda, tienes 30 días para pedir el reembolso completo, sin preguntas.
Puedes verlo aquí, sin prisa: Never Sold Out by Surprise – Inventory & Reorder Tracker
Sea cual sea tu decisión, te deseamos un trastero que no te dé sustos.
Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.